Los consumidores fueron los primeros en desarrollar la conciencia ecológica, y a ellos los siguieron las empresas, para no perder su buen nombre. Ahora les toca a los inversionistas, quienes, en tiempos de Greta Thunberg, quieren que sus carteras de inversiones reflejen también sus valores éticos. La sostenibilidad predomina también en el mercado de capitales.

Los institutos financieros y los fondos de inversión sacaron al mercado en 2018 cinco veces más productos catalogados como sostenibles que en 2014, según la Environmental Finance Database (Base de datos financieros medioambientales). El puntapié inicial lo dieron los fondos verdes (Green Bonds), destinados a financiar proyectos ecológicos. Entretanto también hay fondos 'azules” (Blue Bonds), emitidos por países o por organizaciones para el desarrollo, como el Banco Mundial, con el objetivo de proteger los mares del planeta.

Azules como el mar

La emisión de los primeros Blue Bonds fue un acto conjunto del banco Mundial y las islas Seychelles- Ese estado insular en el Océano Índico depende económicamente del mar para su supervivencia. Mucha gente vive allí de la pesca y del turismo, pero las aguas de las costas se están quedando sin peces por la sobrepesca, y los arrecifes de corales corren peligro de desaparecer.

Plaza cerca de Beau Vallon, en las islas Seychelles.

Plaza cerca de Beau Vallon, en las islas Seychelles.

Las Seychelles no podrían existir sin explotar el océano, y no pueden permitirse esperar que las poblaciones de peces se regeneren. Es decir, que como la protección de los mares es una empresa costosa, buscaron financiación para poder llevarla a cabo. En total, las Seychelles reunieron 15 millones de dólares con los Blue Bonds, y dos tercios de esa suma están asegurados a través del Banco Mundial y del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), un mecanismo internacional para la financiación de proyectos para proteger el medioambiente en países en desarrollo. 'De ese modo se reduce el riesgo para los inversionistas, y para las Seychelles es más barato devolver el dinero”, escribe el Banco Mundial en su página web. Además, ese organismo ayuda a vender los fondos azules a los inversores.

El pequeño país en la costa este de África se beneficia así de una tendencia en alza. Según el banco estadounidense Morgan Stanley, ya casi un 40 por ciento de los inversionistas de todo el mundo colocan su capital en fondos sostenibles, y un 85 por ciento de ellos está interesado en hacerlo. Muchos inversores quieren ahora 'hacer lo correcto”, según Evan Papageorgiu, observador de mercados financieros del Fondo Monetario Internacional (FMI), y exigen a las entidades financieras deshacerse de fondos de empresas que, con sus productos, aumentan el calentamiento global, impulsan el comercio de armas o explotan a sus empleados.

Los administradores de capitales y los fondos de inversiones entendieron cuál es la nueva tendencia, y ofrecen fondos supuestamente sostenibles, que se promueven a través, por ejemplo, de la calificación ESG. Ese sello distingue ya a cerca de 350 fondos, cuyo valor asciende a más de 160.000 millones de dólares.

Zentrale Weltbank Washington D.C. (imago/Rainer Unkel)

Central del Banco Mundial, en Washington, D. C., EE. UU.

Criterios poco claros aún

El calificativo ‘sostenible' suena bien, pero no es un término protegido legalmente. Las inversiones sostenibles son 'un campo muy amplio”, explicó Linda-Eling Lee, directora del Grupo de Investigación del ESG (Environmental Social Governance), del índice ponderador estadounidense de fondos de capital MSCI, a la emisora estadounidense NPR. Eso significa que no hay estándares claros sobre cómo calificar de ‘sostenibles' a los fondos de inversión.

Por ejemplo, el cuestionamiento a la calificación ESG recuerda a los conflictos de evaluación en torno a sellos ‘biológicos' u ‘orgánicos'. Estos deberían describir un producto de manera objetiva, pero esta es un área donde predomina la arbitrariedad. Por ejemplo, el constructor de automóviles eléctricos Tesla es calificado por el MSCI como 'de máxima sostenibilidad”, mientras su rival británico FTSE le otorga la peor evaluación. No sorprende, entonces, que los inversores, los activistas y los legisladores sean escépticos con respecto al sello ESG.

Los fondos verdes y azules presentan el mismo problema: ¿en qué o quién confiar? El panorama en torno a los fondos de financiación de la protección del medioambiente y de los océanos no es claro. El Banco Mundial es uno de los mayores emisores de esos fondos. El año pasado emitió fondos de ese tipo por 2.500 millones de dólares. Al mismo tiempo, esa institución sigue invirtiendo en energías que perjudican el clima, como pudieron constatar Deutsche Welle, NDR y el diario Süddeutsche Zeitung a comienzos de 2019. Consultado al respecto, el Banco Mundial niega realizar ese tipo de inversiones mencionando su cometido institucional

A pesar de, o justamente debido a, la creciente tendencia a invertir en fondos sostenibles, a menudo no se sabe dónde termina la protección del medioambiente y dónde comienza el clásico lavado de dinero, en este caso, verde o azul. Hasta que no se aprueben regulaciones claras, a los inversionistas no les queda más remedio que administrar con ojo clínico su cartera de inversiones.

(cp/jov)

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