'Se confirmó lo peor', titularon los principales portales de noticias tras los estudios médicos que se realizó el mediocampista de Racing Augusto Solari, el pasado 26 de agosto. 'Lo peor', como suele suceder en el mundo del fútbol, fue sinónimo de 'rotura del ligamento cruzado anterior', una de las lesiones más frecuentes en la rodilla y más temidas entre los atletas.

Ante estos casos, el grueso de los comunicadores suele describir que el jugador en cuestión se rompió 'los cruzados'. Sin embargo, se trata de un término erróneo, puesto que, casi sin excepción, los deportistas se rompen sólo el ligamento cruzado anterior (LCA) y no el ligamento cruzado posterior (LCP).

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Son dos cuerdas que mantienen unidos los huesos de la tibia y el fémur. Se encuentran en el centro de la articulación de manera cruzada, estando el LCA por delante del LCP”, le explicó a Clarín Manuel Nogueira, traumatólogo especialista en cirugía de rodilla.

En cuanto a su función, Nogueira comentó que el LCA le provee “estabilidad anteroposterior y rotacional a la rodilla”. Es decir, que tiene una labor fundamental en la reacción, el cambio de dirección y la firmeza al entrar en contacto con el suelo tras un salto, entre otras cosas.

Sólo en la Primera División de la Argentina, ya son 39 los futbolistas que sufrieron la rotura del ligamento cruzado anterior desde que comenzó la Superliga 2017/18. El primero fue Martín Galmarini, el 15 de septiembre de 2017, y el más reciente, Diego González, el pasado 29 de septiembre. En promedio, uno cada 19 días. La 'epidemia' no es propia del fútbol argentino: en España, durante la temporada pasada de La Liga, hubo 15 casos de rotura del LCA.

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“En los últimos años, con la evolución del deporte, el mayor desarrollo físico y la mayor exigencia a edades más tempranas, se están registrando mayor número de casos y cada vez en pacientes más jóvenes”, analizó Nogueira, quien también integra el equipo de Guillermo Botto, líder del staff médico de Los Pumas.

El caso de Racing es llamativo. En los últimos 430 días, tuvo cinco afectados. Mauricio Martínez, Gastón Gómez y Julián López habían sufrido la misma lesión que tiene a maltraer a Solari y González. Gonzalo Gómez, jefe del departamento médico del club de Avellaneda, aclaró que “sólo una de las lesiones fue producto de un impacto”, mientras que las demás “tuvieron origen en un movimiento intempestivo”, es decir, inadecuado.

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La situación particular del club de Avellaneda coincide con las estadísticas generales. Casi el 70 por ciento de las lesiones en el LCA se produjeron sin contacto con un rival, según reveló una investigación publicada por el Grupo Sobre Entrenamiento de Información y Capacitación en Ciencias del Ejercicio y Salud que analizó un universo de 1.718 pacientes.

Otro estudio, publicado en 2018 por la Revista de la Asociación Argentina de Traumatología del Deporte, alcanzó resultados similares y estimó que el porcentaje varía entre el 70 y el 84% de los casos.

Luis Pintos, director del Instituto de Medicina del Deporte y Rehabilitación de Futbolistas Agremiados Argentinos (FAA), le explicó a este diario que “uno de los motivos principales (de la rotura del LCA de manera independiente) es el desequilibro que hay entre el pedido que envía el cerebro y la respuesta de la articulación”.

“El cerebro manda muchas más órdenes ahora que en el fútbol de hace 30 años y la rodilla no puede responder a todo”, ejemplificó.

Luego, aclaró la idea a través de un ejemplo: “Sucede cuando un jugador engancha para afuera e inmediatamente para adentro, pero la rodilla continúa clavada en el suelo”.

El 19 de noviembre de 2017, Darío Benedetto sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha (Foto: DPA/ Fernando Gens)

Existe otro dato que preocupa. Ese mismo artículo de la Revista de la Asociación Argentina de Traumatología del Deporte expuso que la lesión en el LCA es 20 veces más probable que se produzca durante un partido que en una práctica. No obstante, la Argentina -para variar- va en contramano. Más de un tercio (15) de los 39 futbolistas de la lista se estaban entrenando al momento de la lesión.

“En el fútbol actual hay más lesionados durante los entrenamientos. Creo que, en parte, se debe al aumento indiscriminado de pesas durante los ejercicios. Sin embargo, muchos casos tienen un componente fortuito, como puede ser el choque con un compañero o una mala caída”, le contó a Clarín Elvio Paolorosso, ex preparador físico de Gerardo Martino en Barcelona y la Selección Argentina.

Por su parte, Pintos agregó que antes “los futbolistas eran fondistas y se trabajaba la resistencia”, mientras que ahora se busca potenciar 'la reacción y el pique”, lo que genera más lesiones.

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Otro dato llamativo: si se tiene en cuenta la posición que ocupa en la cancha cada uno de los 39 futbolistas afectados, se desprende otro patrón. Los mediocampistas conforman más de la mitad del registro, con 22 casos (56,4%). El resto son nueve defensores (23%), seis delanteros (15,3%) y dos arqueros (5,1%).

El despliegue que realiza un volante genera un desgaste articular. Estos tienen una gran movilidad e incluso una amplia variedad de funciones, como la marca, la distribución, el ida y vuelta, el pique y el salto, entre otras cosas. Antes, el mediocampista era un trotador, pero eso ya no es más así”, describió Pintos, autor del libro “Traumatología en el fútbol: lesiones según la ubicación del deportista en el campo de juego”.

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Operación, rehabilitación y ¿recuperación del nivel?

Una rotura en el ligamento cruzado anterior obliga al futbolista a pasar por el quirófano si es que quiere asegurarse la correcta recuperación de la articulación, evitar riesgos y prevenir complicaciones en futuras transacciones (¿qué club se arriesgaría a comprar un jugador con el ligamento roto?).

Sin embargo, hubo casos excepcionales. Uno de ellos fue el del ex defensor de Boca Hugo Ibarra, que jugó casi toda su carrera con el LCA roto. Eso fue posible gracias a su masa muscular, que protegió su rodilla, y los ejercicios que realizó para fortalecer, en especial, los cuádriceps.

Hugo Ibarra jugó casi toda su carrera con el ligamento cruzado anterior roto, gracias a su musculatura. (Foto:EFE)

La operación consiste en suplantar el remanente de ligamento que ya no sirve por uno nuevo. Nogueira explicó que hay “autoinjertos, que se obtienen del propio paciente, y aloinjertos, que se obtienen de cadáveres”. En el caso de los deportistas profesionales, que “requieren una mayor exigencia en su rodilla, se suele utilizar el tendón rotuliano”.

“Mediante una artroscopía, se realiza un túnel en la tibia y otro en el fémur, a través de los cuales se coloca el injerto seleccionado, que luego se fija con un tornillo interferencial”, continuó.

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Tras la operación, comienza el proceso de recuperación, que suele durar entre seis y siete meses. Según expuso Nogueira, el paciente pasa por diferentes fases: “Hay una primera etapa de inmovilización de entre 10 y 15 días, seguida de rehabilitación con kinesiología para recuperar la función articular y el tono muscular, respetando el tiempo biológico que el cuerpo necesita para incorporar e integrar el injerto (lo que se conoce como proceso de ligamentización)”.

“Al mes de operado, el paciente comienza con bicicleta y natación. A los tres meses, trote lineal. Todo eso acompañado de ejercicios de fortalecimiento y propiocepción (capacidad del cerebro de saber la posición exacta de las partes de nuestro cuerpo), de manera lenta y progresiva”, concluyó.

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Por último, Pintos afirmó que todos los pacientes “se recuperan óptimamente”. Sin embargo, “que vuelvan a su nivel depende de la personalidad de cada uno, porque algunos quedan con inseguridades, miedos y desconfianza”. Muchos futbolistas tardan más en perder el temor a romperse el ligamento de nuevo que en curarse.

Según un estudio de British Journal of Sports Medicine, que analizó 7.556 casos, el 65% de los pacientes de alto rendimiento vuelve a su actividad deportiva habitual con la misma intensidad que antes. Además, el 55% regresa con nivel competitivo después de la cirugía.

Como contrapunto, The American Journal of Sports Medicine, tras analizar 122 atletas, concluyó que sólo dos de cada cinco volvieron a jugar al mismo nivel que antes de la lesión.

MFV

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original