Ni las grandes montañas se libran del plástico. Un estudio ha hallado en lo más recóndito del Pirineo una concentración de microplásticos similar a la que se pueda encontrar en una capital como París o las industriosas ciudades chinas. Llevadas hasta allí por el viento, las partículas plásticas pueden recorrer muchos kilómetros hasta caer arrastradas por la lluvia o la nieve. En las cordilleras, valles y otros ambientes naturales podría estar el plástico que falta en las estadísticas.

De los 335 millones de toneladas de plásticos creadas en 2016, unos sesenta millones se hicieron en Europa, según datos del sector del plástico. Ese mismo año, llegaron a las plantas de reciclaje y basureros 27,1 toneladas. Aunque muchos materiales plásticos están diseñados para durar años o décadas (como los del salpicadero de un coche o los aislantes de muchos edificios), diversos estudios han estimado que un buen porcentaje acaba en el mar, los más optimistas hablan del 10% de la producción anual. ¿Dónde está el resto?

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Fuente: El País >> lea el artículo original