Las tribunas del Foxboro Stadium de Boston rugieron cuando Diego Armando Maradona'>Diego Armando Maradona salió al campo de juego. A las 15.50 del 25 de junio de 1994, en la previa del segundo partido de la Selección argentina en el Mundial de los Estados Unidos, nadie podía intuir que 90 minutos más tarde, con el boleto asegurado a los octavos de final, a Diego le “cortarían las piernas”. Esa tarde, y aunque la Copa del Mundo recién comenzaba, el equipo de Alfio Basile se convertía en uno de los grandes candidatos para quedarse con el título. Pero solo por pocas horas: la euforia después del triunfo sobre los africanos se transformó, en menos de un día, en la tristeza de un gigante desplomado súbitamente.

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Detrás del arco en el que la Argentina se defendía, Roberto Peidró, uno de los médicos del seleccionado nacional, y la estadounidense Sue Ellen Carpenter'>Sue Ellen Carpenter, una de las enfermeras oficiales del Mundial, miraban con atención los últimos minutos del partido. Peidró tenía que avisarle a Maradona que había salido sorteado para el control antidoping y que, en vez de meterse en el vestuario, tenía que ir por otra puerta hacia el consultorio médico. Carpenter estaba para resolver cualquier inconveniente. Una frase de la norteamericana llamó la atención de Peidró.

“Siempre soñé con conocer la Argentina”, le dijo Carpenter, casi en voz baja, en inglés, como quien confiesa un secreto. “Mi exmarido es argentino y nació en Congreso (Capital Federal). Quiero ir ahí, es algo que tengo pendiente”, siguió, aunque no tenía idea qué ni cómo era Congreso. Peidró, casi de inmediato, le dio una breve explicación del lugar y, como una devolución de gentilezas ante la amabilidad de la enfermera, le preguntó si se animaba a entrar a buscar a Diego, algo que estaba reservado para el doctor. “Sue, Sue, vení que vas a salir en todos los medios del mundo”, le aseguró. Tenía razón. Mientras tanto, en las tribunas, miles de personas empezaban a celebrar el triunfo argentino 2 a 1.

Carpenter, se sabe, es la enfermera que va de la mano junto a Maradona después del partido con Nigeria, pocos segundos antes de que fuera sometido a los estudios médicos que acabaron con la carrera de Diego en los mundiales. A partir de esa imagen, un emblema que representa la eliminación anímica y futbolística del equipo de Basile, se tejieron decenas de leyendas. Llegaron a llamarla 'la viuda blanca'. Se aseguró que había sido enviada por la FIFA para que agarrara a Diego y lo llevara directamente al consultorio, algo que Peidró, en un diálogo con Toda Pasión, desmiente absolutamente. “Le dije ‘vení que vas a salir en todos los diarios cuando estés con Diego’. Esa es toda la verdad”. El resto, puro mito.

Carpenter, incluso, ni siquiera agarra a Maradona de la mano. El propio Diego es el que, con un gesto grandilocuente, la tomó a ella. Se puede ver en los videos. Fuentes cercanas aseguran que, cuando pasaban cerca de la platea principal, Maradona miró a la tribuna, donde estaban Claudia (su exmujer) y sus hijas y, en tono de broma, gritó: “Miren con quién me voy”. Diego estaba feliz. Ni siquiera él sabía que en su cuerpo había restos de efedrina.

En el consultorio médico todos esperaban por Maradona. Querían una foto y un autógrafo suyo. En el entretiempo del partido, cuando salió sorteado, varias personas se quedaron en el centro médico y no salieron a ver el segundo tiempo para poder compartir algunos minutos con él. Peidró, a pesar de lo que se dijo en su momento, nunca sacó la bolilla número 10, que obligó a Diego a ir al control. Fue una cuestión de azar que marcó la vida de milllones de futboleros.

Cuando entró, después del triunfo 2 a 1, acompañado de un grupo de militares, todos se le tiraron encima. Un futbolista nigeriano, que también había salido sorteado para el control, esperaba sentado y le pidió si por favor le podía dar su autógrafo. Diego, en ese instante, recordó que se trataba de uno de los rivales que le había pegado una patada.

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“Mirá, este perro me mordió y ahora quiere que le firme”, le contó Diego, mientras mostraba la herida que tenía, a uno de los colaboradores que estaba en el lugar. “Sí, te hablo a vos, perro, guau, guau, guau”, le decía Maradona al futbolista nigeriano, que no podía entender español, cara a cara. Aunque tenía razón sobre la patada, Diego no lo hacía porque estaba enojado. Todo lo contrario: ese 25 de junio fue, tal vez, su día más feliz en el Mundial de los Estados Unidos. Durante todos los minutos que pasó en la oficina médica, hasta que pudo completar la muestra de orina, se sacó fotos con todo aquel que se lo pidiera. En ningún momento dejó de sonreír. 'Diego estaba contentísimo. Creo que realmente no se imaginaba lo que estaba por pasar', reconoce Peidró.

Adentro de la cancha Maradona volaba. Después de una extensa y dedicada preparación, que consistía en una dieta feroz y en cuatro entrenamientos por día, Diego, con 33 años, llegó a los Estados Unidos en una versión de alto nivel. Nunca antes se había entrenado de tal manera. Si antes le sobraba con su talento, ahora tenía que equilibrar su edad con un fuerte trabajo previo para mantenerse en la excelencia mundial. Se mentalizó para lograrlo y lo consiguió: los partidos ante Grecia y Nigeria fueron la muestra de que Diego, acompañado de un buen equipo, se disponía a conquistar otro Mundial. La Selección generó tanto entusiasmo que, de un momento a otro, la mayoría de los analistas deportivos puso a la Argentina como el candidato a ganarlo todo.

Un día después, mientras el plantel estaba concentrado en el Babson College de Boston, la información fue tan clara como demoledora. “A Diego le dio positivo”, le avisó Julio Grondona al cuerpo médico. “Llamen a Blatter -en ese momento director ejecutivo de la FIFA- para revisar los detalles, traten de hacer algo”, agregó el entonces presidente de la AFA. Un silencio sepulcral, de muerte, se adueñó de quienes escucharon esas palabras. La enfermera Carpenter, en su casa, estaba feliz al ver su foto en todos los medios del mundo: todavía no estaba al tanto de que Maradona, la leyenda que nació en el mismo país que su exmarido, había sido suspendido del Mundial 1994, el último de su carrera.

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