En cuanto a la inflación, el Gobierno es marcadamente optimista, en que en 2021 logrará controlarla y reducir el índice contra la marca de este año; aún aplicando un proceso de descongelamiento de tarifas de servicios públicos y precios de los combustibles (aún no se sabe bajo que esquema), de apertura de negociaciones paritarias sin las restricciones del ejercicio 2020 y con la voluntad expresa de acelerar el crecimiento vía mercado interno.
Según los datos presentados ayer, la inflación pasaría del 32% de este año a un 29% en 2021, mientras que para 2022 llegaría al 24% y 20% en 2023.
El consumo, una de las variables más castigadas durante la pandemia (caería 13,6% este año); replicaría el alza del PBI subiendo un 5,5% en 2021, 4,7% en 2022 y 3,6% en 2023.
La mayor parte de las divisas que el país lograría en 2021 provendrían del saldo de la balanza comercial, que según Guzmán aplicaría un resultado positivo de u$s15.087 millones, un promedio de u$s1.257 millones mensuales, y en sintonía con lo que se viene observando en los últimos meses.

En cuanto al tipo de cambio, el Gobierno espera un ejercicio de tranquilidad con el dólar; manteniendo los controles férreos a la demanda de divisas.
Según los cálculos oficiales, la devaluación entre puntas alcanzaría un 24,7% contra el 29% de inflación.
Durante el 2021, el tipo de cambio real tendría un crecimiento promedio de 1,8% anual, luego de una suba estimada de 4,8% promedio anual en 2020, y se espera que se mantenga estable para los años siguientes.
Finalmente, la recaudación impositiva reaccionaría en 2021, creciendo 43,7%, representando un alza de 0,8% frente al PBI con respecto al 2020; pero superando largamente el nivel de la inflación esperada para 2021.
Esta mejora es la clave para la reducción del déficit fiscal a casi la mitad de lo que se generará este año; pasando de un promedio de 7,5 a 4,5%.

Si se cumplieran los pronósticos de crecimiento que figuran en el proyecto de presupuesto presentado ayer por Guzmán, Argentina habría vivido cinco recesiones en los últimos 12 años.
Y, la presente, es ya la peor de toda su historia.
Demasiado para un país que necesita despegar.
La actual, que sumando la baja del 2019 de 2,2% más el 12,1% que se espera para este año, llegaría a casi el 15% de contracción; en comparación a las caídas de 6% del 2009, 1,1% en 2012, 2,6% en 2014 y 2,2% en 2016.
Se trata del peor período de caída de la historia del país, comenzando con la baja del PBI de 2008, ya con Cristina Fernández de Kirchner en el poder y con la irrupción en la economía mundial de la crisis en las hipotecas en los Estados Unidos.
A este fenómeno se le agregó una brutal sequía interna, una caída feroz en los precios de la soja y hasta las consecuencias de la Gripe A.

El segundo período recesivo (también durante el Gobierno de CFK), comenzó en el cuarto trimestre de 2011 y culminó en el segundo de 2012, y se relaciona con los efectos de la inflación (acelerada para ese entonces, pero ignorada para la conducción del INDEC de aquellos años), cierta incertidumbre cambiaria y las dudas generadas en el factor inversión por la reestatización de YPF provocaron la caída del PBI en el proceso menos grave de los cinco analizados.
El tercer período era, hasta el actual, el de más larga duración, con un inicio en el tercer trimestre de 2013 y una culminación en el tercero de 2014.
El cuarto proceso recesivo comenzó en el tercer trimestre de 2015 y culminó en el segundo de 2016; e incluye dos decisiones importantes de ajustes de comienzo del Gobierno de Macri: la devaluación de salida del cepo (con un consecuente salto inflacionario) y las alzas en las tarifas de los servicios públicos para la industria y el comercio.
La crisis financiera y fiscal iniciada en abril de 2018 dio comienzo al proceso recesivo más largo de la historia del país.

Fuente: Ambito >> lea el artículo original